Dieta y culpa

Dieta y culpa

diciembre 3, 2020 Desactivado Por RenzoC

El hábito de llevar a cabo dietas de adelgazamiento más o menos rígidas es un comportamiento tan extendido en las sociedades occidentales que en la actualidad se conoce como un fenómeno sociocultural real denominado «Industria de la Dieta».

En los últimos años, la dieta ya no es solo un medio para abordar el problema del peso, sino que se ha convertido en una forma real de mostrarse a uno mismo ya los demás.

Cuanto más severa y restrictiva es la dieta, más percibe la persona que tiene un buen autocontrol y, en consecuencia, un aumento de su autoestima.

En realidad, una actitud excesivamente rígida hacia la comida caracterizada por evitar ciertas categorías de alimentos (piense en cuántas personas evitan comer dulces o incluso pan y pasta) está en la base de los agobiantes sentimientos de culpa.

De hecho, si adoptamos una actitud dicotómica (todo o nada) hacia la alimentación, nunca nos sentiremos con derecho a ingerir determinados alimentos porque son culpables de romper las reglas consideradas indispensables para lograr la pérdida de peso.

Paradójicamente, la restricción dietética excesiva nos predispone a la pérdida de control.

Esto se debe a que la preocupación por la comida, la limitación de la vida social y la ansiedad que nos acompañan generan un nivel de estrés excesivo para nuestro sistema nervioso que, agotado por tanta rigidez, nos llevará a desear esos alimentos tan temidos.

Después de algunas semanas de una dieta restrictiva y hambre, nos encontramos cometiendo el primer «error» con el consiguiente remordimiento y aumento de peso.

Por lo tanto, disfrutar de algunos alimentos más gratificantes en la cantidad adecuada y con la frecuencia adecuada ayuda a redescubrir el verdadero placer de la comida y a no caer en la tentación fuera de las comidas principales.

Ningún alimento es realmente dañino cuando se toma de forma equilibrada y no debe vivirse como prohibido y por ello tan deseado. Comer un alimento considerado peligroso, de forma consciente, ayuda a redescubrir el sabor de los alimentos, a gestionar su cantidad, a mantener una buena vida social, a liberarse de los sentimientos de culpa y a poder seguir una dieta a lo largo del tiempo.