Un equipo internacional liderado por la Universidad Pablo de Olavide (UPO) investiga los cambios en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas terrestres durante millones de a√Īos de desarrollo de ecosistemas.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications y cuyo autor principal es el investigador de la UPO Manuel Delgado-Baquerizo, aporta nuevos avances sobre la historia natural de los ecosistemas terrestres a escala global, tal y como indica el SENTAR en un comunicado de prensa.

‚ÄúLos ecosistemas terrestres nos brindan un hogar, regulan el clima y generan los alimentos que consumimos. Sin embargo, estos ecosistemas no son est√°ticos, evolucionan a lo largo de millones de a√Īos, sufriendo cambios en su fertilidad, su capacidad de secuestrar carbono, as√≠ como en las comunidades vegetales y microbianas que los habitan ‚ÄĚ, explica Delgado-Baquerizo, l√≠der del laboratorio. de Biodiversidad y Operaci√≥n del ecosistema de la UPO.

Entender los factores que controlan los ecosistemas terrestres es fundamental para poder predecir c√≥mo estos ecosistemas cambiar√°n en un contexto de cambio global, como se√Īala. Las teor√≠as actuales sugieren que la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas terrestres est√°n determinados por cinco factores fundamentales: la edad del suelo, el clima, el tipo de vegetaci√≥n, la topograf√≠a y el tipo de sustrato donde se desarrollan.

Sin embargo, hasta hoy se desconocía la importancia relativa de estos factores a la hora de explicar la estructura y funcionamiento de los ecosistemas terrestres. El estudio ha demostrado, por primera vez, que el contexto en el que se desarrollan ecosistemas Lo terrestre (su clima y tipo de sustrato) es mucho más importante que la edad de los ecosistemas para determinar su estructura y funcionamiento.

Adem√°s, esta investigaci√≥n sugiere que este contexto ecol√≥gico controla los procesos de fertilidad, acumulaci√≥n de carbono y producci√≥n vegetal durante millones de a√Īos.

‚ÄúDe esta forma, por ejemplo, las zonas √°ridas siempre tendr√°n suelos menos f√©rtiles, menor contenido de carbono y menor capacidad de producir comida que los ecosistemas templados o tropicales, independientemente de la edad de los ecosistemas. Asimismo, los ecosistemas que se forman sobre suelos arenosos siempre ser√°n menos f√©rtiles que los ecosistemas que se desarrollan sobre suelos volc√°nicos, independientemente de su edad ‚ÄĚ, explica Delgado-Baquerizo.

Es informaci√≥n esencial para comprender c√≥mo los cambios en el clima y el uso de la tierra pueden obstaculizar el desarrollo de los ecosistemas terrestres a largo plazo. ‚ÄúPor ejemplo, los procesos de deforestaci√≥n y la mayor aridez asociada a la actividad humana en la actualidad podr√≠a estar hipotecando el desarrollo de los ecosistemas terrestres durante millones de a√Īos, afectando a los organismos que dependen de ellos ‚ÄĚ, destaca Delgado-Baquerizo.

Esta investigaci√≥n se llev√≥ a cabo en el marco del proyecto Marie Sklodowska-Curie Actions Climifun, que investiga los cambios en las comunidades microbianas y el marcha del suelo durante millones de a√Īos.

Para realizar este estudio, los investigadores recolectaron suelos en casi cien ecosistemas terrestres de seis continentes, por lo que se conoce la edad de sus suelos, y que van desde áreas desérticas y polares hasta bosques templados y tropicales.

‚ÄúNuestro trabajo es fundamental para entender el futuro de los ecosistemas terrestres en un mundo cambiante‚ÄĚ, indica Delgado Baquerizo, quien agrega que ‚Äúeste estudio ayuda a avanzar en nuestro conocimiento sobre la historia natural de los ecosistemas terrestres a escala global, uno de los objetivos fundamentales del Laboratorio de La biodiversidad y funcionamiento de ecosistemas de la UPO.

Delgado-Baquerizo lidera esta red global de ecosistemas terrestres cuyo objetivo es mejorar la comprensión del papel que juegan los patrones climáticos y temporales en las comunidades microbianas del suelo y sus perfiles funcionales. Su trabajo ha dado lugar a numerosos. avances relevante, tanto conceptual como metodológicamente, así como empíricamente, en el estudio de muchos aspectos de los ecosistemas terrestres.

También contribuyó recientemente al primer esfuerzo global para identificar las áreas de la tierra menos estudiadas a escala global, y que también se publicó en Nature Communications.



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