la triste vida de «Giggles» con la que todos nos reímos a carcajadas

mayo 1, 2021 0 Por

ESPAPELIS

La primera vez que Juan Joya se sentó frente a una cámara, solo tenía 43 años, pero ya apenas le quedaban dientes en la boca.

Era el 17 de abril de 2000. Poco antes, había aparecido brevemente en «Crónicas Marcianas», pero pronto Jesús Quintero le dio el ojo y el cielo, convirtiéndolo en un elemento fijo en sus programas de entrevistas durante la próxima década.

Joya fue uno de los muchos sevillanos que sobreviven a la sombra de la capital andaluza, de esos que se peinan mal antes de salir a la calle a ganarse la vida lo mejor que pueden. En este caso, venta de loterías y paquetes Winston en el barrio de Santa Catalina. Tenía justo lo suficiente para alimentar una existencia de taberna que encontraba deliciosa.

Muere a los 65 años el comediante Juan Joya Borja, «El Risitas»

EFE

Como tantos otros en Sevilla, salvo por un rasgo peculiar: una risa tan contagiosa que es inolvidable durante muchos años. En 1972 Joya fue a El Rocío por primera vez. Tenía 16 años y recibió el «bautismo de la hoguera», que se les da a los debutantes rocieros cuando cruzan el vado del río Guadiamar. Qué no podía dejar de reír mientras le echaban agua sobre él, alguien tuvo la idea de bautizarlo como «Giggles», el seudónimo que lo habría acompañado desde entonces.

En Sevilla, sus pasos siempre terminaban en Quitapesares, la taberna del cantante Pepe Peregil, el mismo que lo acompañó al plató por primera vez. Este bar también fue donde se enteró de muchos de los chistes que luego representaría. Quintero. Rara vez se reía con ellos, y a veces ni siquiera los entendía, pero no pude evitar abrirme con los jadeos llorosos de ‘Giggles’. A falta de un término mejor, los obituarios lo llaman humorista, pero en realidad era solo una persona con mucha gracia, no había método detrás del humor que emanaba, simplemente sucedió.

Su primera vez en «El Vagamundo», el programa de Quintero en Canal 2 Andalucía, «Risitas» contó su accidente. Un día, cuando acudió a la piscina del polideportivo de su barrio, Polígono San Pablo de Sevilla, un El Renault Clio lo golpeó. Poco antes de aparecer en televisión, vivía del dinero del seguro que le habían dado. El auto se fracturó el hombro izquierdo, en palabras de ‘Giggles’, «el hueso ‘miliki’, eso me dijo el doctor Florian». Todos se rieron del evento, explotó y así continuó la noche.

«¿Has estado alguna vez en un Ferrari Testarrosa?» Quintero le preguntó una noche. «Conduje solo una sorpresa, de esas largas máquinas, cuando el de Torrente filma ”, respondió.

Su última aparición pública fue el mes pasado en un video de YouTube. 21 años después, los ‘Risitas’ vivían hospitalizados en el Hospital de la Caridad, según la definición de Antonio Burgos, «una inmensa escaparate de juguetes rotos, olvidados y arruinadosJuan Joya entró en la primera y última categoría, pero nunca en los olvidados. Tras revelar a la prensa que le tuvieron que amputar la pierna izquierda -parece una diabetes muy mal controlada- en septiembre de 2020, un grupo de Los cibernautas franceses habían recaudado fondos para comprarle un « scooter » eléctrico para discapacitados por valor de 2.000 euros. Otros 5.000 fueron a Caridad, por estar a cargo de «Risitas» en los últimos meses, y el resto a la cuenta bancaria sevillana.

En los últimos años, la fama de ‘Giggles’ entre los internautas franceses se había disparado de mil maneras, convirtiéndose en un meme. Mientras esto sucedía, Juan Joya trabajaba en verano en Punta Umbría (Huelva), donde trabajaba en un Chiringuito que atrae al público, vende pollitos de juguete o cuida un castillo hinchable cerca de la playa, advirtiendo a los niños mayores que no se suban a la atracción.

Durante años, pidió a las personas que se le acercaban que le pidieran una foto por un euro o le pidió que le contara un chiste. Presumió que una vez en la Feria de Sevilla se llevó 90 euros así.

Adicto a la caridad

Esta semana se supo que, después de su muerte, nadie había reclamado su cuerpo en el hospital Virgen del Rocío, que lleva allí más de 24 horas. Finalmente, la hermandad que lo acogió durante el último capítulo de su vida ha tomado el relevo. Algo parecido le sucedió a Antonio Rivero, alias «El Peíto», el primer «socio» de «Risitas» en respuesta a las preguntas de Quintero. Rivero murió en 2003, soltero y con un solo diente en la boca, a la edad de 44 años. Su entierro Vicente Ruiz tuvo que pagarlo, el «manager» del grupo No Me Pises Que Llevo Chanclas.

En su último video, las «risitas» eran muy sutiles debido a la enfermedad. Sin embargo, como ha sucedido a lo largo de su vida, alguien detrás de la cámara le pidió que dijera su frase más famosa. A pesar de lo que se suele creer, no es que Rivero fuera su familia, sino que «cuñao» era un lema que se repetía muy a menudo después de una broma.

El arte de los compañeros borrachos, el canto, la patata aliñás y los caracoles Quitapesares. Ese fue el universo de «Risitas», hasta que llegó Quintero y puso las «Risitas» primero en los alumnos de millones de andaluces, luego españoles y finalmente ciudadanos de todo el globo. Así como en su programa se rieron sin entender el chiste, en Finlandia se rieron sin entender el idioma y así sucesivamente. Terminó como anunciante de unas pizzas de bolsillo.En Egipto o Estados Unidos, sus videos han sido doblados para criticar al régimen de Al Sisi o para ridiculizar el último lanzamiento de Apple. Los emoticonos fueron creados con su cara risueña (KEKW) que probablemente nos sobrevivirá a todos.

El papel de Jesús Quintero en todo esto tiene mucho claroscuro. El locutor onubense siempre ha asegurado que su programa trataba a la gente andrajosa de la misma forma que a las estrellas, con la misma dignidad, y que personajes como Juan Joya, Antonio Rivero, Manuel Reyes alias Pozí, Picoco o el Beni de Cái eran, si no de su familia, de la misma especie. Los protegió y les advirtió que, más allá del humo, la música de Pink Floyd y la charla de la « nueva era » en su programa, el mundo de la televisión podía ser muy cruel, que en esos primeros años del siglo XXI. , Los buitres de Trash TV podrían perseguir a cualquiera que se alejara de la manada de «ratones rojos».

Quintero también estaba interesado, ya que fueron estos personajes los que mantuvieron viva la llama de su audiencia y sirvió de agradable contrapunto a las intensas entrevistas que concedió a políticos, empresarios o personalidades de la columna de cotilleos. Por las vicisitudes del vagabundeo, todos desaparecieron del lugar -por muerte, fama o desahucio- y Quintero solo tuvo las «Risitas».

A pesar de protegerte de Televisión basura, en uno de sus programas su dignidad fue bastante cuestionada. A menudo sacaba un cheque de 1.500 euros para hacer la boca agua. La «Risita» le abrió los ojos al ver el dinero y Quintero jugó con la idea de no dárselo. Una vez dijo en otra entrevista que Quintero le había dado un cheque que decía «Ale, esto para que te vayas a la playa». «Cuando llegué al banco, lo vi en lugar de mi nombre decía «volverás«, recordó el» Giggles «.

En otra ocasión se prestó, en vivo, a hacer un Tatuaje de la Virgen del Rocío en el brazo. Mientras su voz temblaba de dolor, Quintero le preguntó si le dolía más que un supositorio. Pese a todo, el agradecimiento de las «Giggles» hacia el presentador se mantuvo hasta sus últimos días.

Los caminos que ha tomado su fama son inexplicables. Por ejemplo, hace tres años un momento patético circuló en internet. Le dieron una dentadura para verlo con los dientes por primera vez. El resultado fue perturbador. Dentro del bar lo grabaron pidiéndole, como era costumbre durante su vida, que dijera «cuñaooooo». En muchas otras ocasiones se le ha visto peregrinar frente a las cámaras Irradiando malestar.

Y mientras pasó los últimos años de su vida así, arrastrando su cuerpo en una silla de ruedas, su fama en Internet ha crecido de forma espectacular, especialmente en Francia. Ayer el diario ‘Le Monde’ le despidió con el título ‘Muerte de «Risitas», el comediante español que se ha convertido en una leyenda de Internet‘.

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