Las compras compulsivas como adicción destructiva y omnipotente


La temporada navide√Īa nos involucra a la mayor√≠a de nosotros en una fren√©tica carrera de compras, atra√≠dos por horarios de apertura interminables, mil colores y decoraciones brillantes.

Compramos para los dem√°s, para nosotros mismos, incluso para nuestras mascotas.

Crisis o no crisis: se reduce el gasto, pero no la cantidad de compras.

Si nos comport√°ramos as√≠ durante m√°s de un mes al a√Īo, estar√≠amos arruinados. Sin embargo, hay quienes lo hacen. Las personas adictas a las compras compran constantemente, pase lo que pase, lo importante es comprar: adquirir art√≠culos, gastar, conseguir algo que llene el vac√≠o que llevan dentro. Gastan m√°s de lo que pueden permitirse, llen√°ndose de deudas y acaban desgastando sus vidas y sus familias, con una destructividad no muy alejada de la normalmente conocida adicci√≥n a las drogas.

La adicción es, en general, una forma ilusoria de resolver el problema. En este caso, una forma más fácil y directa de mejorar la imagen de uno mismo, por ejemplo comprando ropa o productos de belleza para mujeres y símbolos de estatus similares a los símbolos fálicos, como automóviles o teléfonos celulares, para los hombres.

El verdadero motivo del sufrimiento, el duelo interno por la falta de cari√Īo y autoestima, se convierte en algo en lo que no pensar, a toda costa, porque parece irresoluble. La frustraci√≥n ya no es tolerable: tienes que fingir que no existe y encontrar la forma de evitarla. Se elimina de la conciencia y se reemplaza por algo m√°s concreto y alcanzable: una sustancia, comida, satisfacci√≥n laboral, sexo, Internet o compras. La tienda y la cuenta bancaria se vac√≠an como si fuera un frigor√≠fico para una bul√≠mica, disfrutando de la inmediata pero ilusoria sensaci√≥n de poder hacerte feliz con un simple ¬ędeslizamiento¬Ľ de la tarjeta de cr√©dito. Cuanto m√°s se niega ese sufrimiento profundo y afectivo, m√°s se expande el vac√≠o: una compra no podr√° llenar el vac√≠o por mucho tiempo. Hasta que no seas capaz de pensar, de darte cuenta de la raz√≥n por la que act√ļas de manera tan descontrolada, no ser√° posible notar la adicci√≥n, porque esa misma raz√≥n ser√° el sufrimiento del que escapas. Al menos no solo.

Lo más difícil sigue siendo ser capaz de reconocer la propia dependencia o, al menos, la destructividad y la creencia ilusoria y omnipotente de poder suplir el profundo vacío interno con un simple objeto externo. Muchas veces es necesario que la realidad, la que no queremos ver, se presente de manera catastrófica a nuestros ojos, con las consecuencias de nuestro comportamiento. Los adictos a las compras compulsivas arruinan meticulosamente cualquier relación emocional, siguiendo la lógica de la necesidad de satisfacción inmediata de su impulso y la incapacidad de tolerar la frustración de la ausencia o incluso el aplazamiento. El otro se convierte, como en cualquier dependencia, sólo en un objeto funcional para la satisfacción de la necesidad inmediata.

En una psicoterapia psicoanalítica la persona dependiente podrá encontrar un espacio para pensar en sus propios comportamientos, antes de actuarlos, reconociendo en un entorno seguro y protegido aquellos sentimientos dolorosos de los que huye.



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